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La “brecha digital” quedó al descubiertolunes, 25 mayo 2020

Los efectos del coronavirus corrieron ciertos velos, y quedaron expuestas situaciones complejas que han puesto en serio riesgo la salud de los chilenos.

Así lo plantean  los ingenieros Ricardo Baeza-Yates, director del Programa de Posgrado de Ciencia de Datos de Northeastern University (Silicon Valley), y Cristián Ocaña, director de EDUTIC, en el documento “Desconexión y brecha digital en Chile durante la epidemia COVID-19”. Lo publicó el 18 de mayo el Colegio de Ingenieros de Chile.

Dos días después, la periodista Mónica Rincón dio a conocer en Chilevisión el reportaje “La dura realidad de los estudiantes que deben aprender sin acceso a Internet”, donde apunta que “casi la mitad de los estudiantes de la educación pública no cuenta con una conexión a Internet en sus hogares; para ellos no existe la educación online”.

Baeza y Ocaña sostienen que es preciso desagregar la información que entrega el Gobierno, para “entender más allá de las prósperas lecturas que se hace de tales cifras”. Para el acomodado grupo socioeconómico ABC1, estar conectado a Internet es tan natural como beber agua o respirar. Sus planes móviles son ilimitados y el acceso a sus hogares a Internet por fibra óptica o cable es el máximo posible.

Los estudiantes tienen hermosos notebooks, smartphones de última generación, tablets, smartwatches…

“Para el siguiente grupo de ingresos (C2 y C3), la Internet es una forma esencial de comunicación y de entretenimiento”, analizan Baeza y Ocaña. “La mayoría tiene un celular, aunque ya los contratos son de planes limitados y un grupo importante utiliza planes de prepago para controlar los gastos. Este grupo tiene más restricciones, pero igual participa de los beneficios de los conectados al 100%, aunque 1,4 millones de personas (que representan el 20% de este grupo) no tienen Internet en el hogar”.

En el tercer grupo, que incluye los segmentos D y E (esto es el 50% de la población de Chile, más de 9 millones de personas), las restricciones son mayores; más del 70% usa móviles con prepago y existen 3,6 millones de personas sin Internet en su casa.

En resumen, “en el segmento C2 C3 y en los D y E, hay un colectivo de altísimo riesgo, con 5 millones de personas que no tienen acceso a Internet en el hogar”, afirman los investigadores.

UN NUEVO DERECHO HUMANO

Cuando se decreta la cuarentena (en marzo), y se opta por las clases online y el teletrabajo, la medida funciona muy bien para el primer y segundo grupo, pero no para 5 millones de personas sin Internet en la casa, “pues no pueden realizar teletrabajo ni estudiar a distancia de manera razonable”. 

Utilizar Internet desde el celular es un lujo que no se pueden permitir.

Muchos no poseen computador, y, los que tienen, deben compartirlo con toda la familia.

El mayor porcentaje de desconectados no se encuentra en la Región Metropolitana, sino en las regiones de Coquimbo, O’Higgins, Maule y Araucanía, que cuentan con más población rural. María Alejandra Grebe, directora nacional de Educación, le señaló a Chilevisión que entre los Ministerios de Educación y Transportes anunciaron “un convenio para iluminar Chile, y que ojalá de aquí a 2022 Chile esté iluminado, llegando con acceso a Internet a todas esas zonas que no lo tienen”.

La subsecretaria de Telecomunicaciones, Pamela Gidi, publicó en LinkedIn que el 11 de mayo, con los ministros Raúl Figueroa y Gloria Hutt, de Educación y Trasportes y Telecomunicaciones, respectivamente, habían dado a conocer el proyecto “Conectividad para la educación 2.0”, que “busca conectar con Internet de alta velocidad 10 mil establecimientos educacionales para 2021. Del total, 2.586 escuelas accederán a la red por primera vez, favoreciendo a 530 mil estudiantes”.

Baeza y Ocaña proponen medidas inmediatas que vayan en ayuda de los “compatriotas de los grupos D y E”. La más importante es aumentar la cobertura de Internet, principalmente en el acceso inalámbrico. “Hoy, estar conectado a Internet debiera ser un nuevo derecho humano”. 

 

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